
Mi alma era un traje celeste como el cielo; lo dejé sobre una roca junto al mar
y desnuda llegué hasta ti y parecía una mujer.
Y como mujer me senté a tu mesa y brindé con vino
y aspiré el aroma de unas rosas.
Me encontraste bella
y semejante a alguien que en sueños viste,
olvidé todo,
olvidé mi infancia y mi patria,
sólo sabía que tus caricias me tenían cautiva.
Oh, aférrame entre tus brazos, tan fuertemente que ya no necesite nada más








